El común denominador de la población considera que China se está convirtiendo en un importante rival para las casas automovilísticas, tanto europeas como norteamericanas, pero, aparentemente, el impetuoso desarrollo logrado por el gigante asiático, en lo que al mercado del automóvil respecta, puede no ser duradero.
Ciertamente, la nación del sol naciente posee un alto poder adquisitivo, como también un alto poder para satisfacer la demanda del mercado. Incluso afirman que 200 millones de carros recorrerán sus tierras en una década, y esta cifra está lejos de ser irreal pues, según el diario China Daily, BMW logró vender 122,000 autos en los primeros 9 meses del presente año, duplicando así lo logrado en el mismo periodo el año pasado.
Sin embargo, China ha demostrado en el pasado que los proyectos emprendidos progresan siempre y cuando respondan a un objetivo estatal. Un ejemplo de esto fue la política que se empleó para lograr reducir el consumo de energía en 20%, pues, en aras de tal empresa, se produjeron apagones forzosos en ciudades enteras, que, irónicamente, fueron respondidos por los pobladores con el uso de generadores de energía alimentados con diesel, causando que 2000 gasolineras en el país se vieran obligadas a cerrar.
Entonces, hasta que el gobierno chino ponga sus ojos en otra meta, determinadas industrias pueden jugar un papel protagónico en la economía, pero luego caen en el olvido y, evidentemente, un país con tal inestabilidad no puede sostener un tejido industrial solido, competitivo, eficiente y perdurable.
Quién sabe cuantos años le quedan al mercado del automóvil en China, pero, hasta entonces, las firmas europeas y norteamericanas deberán enfrentar a este aparentemente implacable rival.